Carburando
Me desperté pensando en la necesidad de un motor.
Creo que todo el concepto de “motor” es algo que cualquiera encuentra difícil de abrazar enteramente.
Casi todos los que estamos vivos ahora (y no se bien porque digo “casi” todos y no todos) nacimos en un mundo lleno de motores.
Básicamente un motor es algo que imprime movimiento, que da fuerza, que entrega energía a un X que por sí mismo no la tiene, o no le alcanza para realizar la tarea que se propone… Consulté la madre patria, en uno de los pocos casos donde considero que consultarle a una madre es útil. Según la RAE, hay un montón de definiciones y usos de esa palabra, algunas muy lindas… Como en Puerto Rico, donde motor y moto son lo mismo.
Me parece hermoso que en Puerto Rico, motor y moto sean algo así como un caprichoso sinónimo. Que propulsión y movimiento, medio de transporte y medio energético se fusionen, es un uso del lenguaje extraordinario, sobre todo teniendo en cuenta que el único aporte de esta pequeña nación al mundo es Ricky Martin (Un aporte tan despreciable y poco útil como un aporte jubilatorio en este país. Pero reconozcamos que a este muchacho lo conocen de acá a Tegucigalpa… Ok no es muy lejos del marco de referencia… A ver… en realidá como de acá a Bengala… ahí si es lejos)
Arranquemos de nuevo
Quizás sea todo el problema hoy, y seguro será otro día.
Pensar que hasta hace poco (digamos que 200 años en la historia del hombre, son lo que dura una vereda limpia en el Once) la gente poco sabía de motores.
A ver, para decir la posta, la idea de no tener que mover el culo por nosotros mismos viene desde hace mucho, pero mucho.
Los sumerios, los babilonios, los griegos, los egipcios, etc. habían desarrollado sistemas hidráulicos para poder solventar algunas tareas que de otra forma hubieran tendido que sudar la gota gorda para realizar.
Te digo más, en la época en la que Egipto estaba de moda Grecia (de moda moda, en realidad no, pasó Alejandro Magno, y a pura falange les explicó a los muchachos quién cortaba el bacalao en el Mediterráneo. Eso si que era poder, más teniendo en cuenta lo jodido que sería encontrar un bacalao en las aguas calentitas de la pelopincho de Europa, o pongámosle para ser más finos, el Mesogeios Thalassa, “Mar en el Medio de la Tierra” así no nos salimos del griego. Aunque es loco, porque en griego el nombre es más o menos lo mismo que en latín, Mar Maedi Terraneum… “Mar en el Medio de la Tierra”, y lo mismo que en árabe, Al-Bahr al-Mutawāsit, “Mar intermedio”… Lo cual demuestra una vez más que la condición más inefable del hombre es: SU FALTA DE IMAGINACIÓN)
Creo que ahí empezamos a entender nuestra enorme necesidad de que alguien o algo haga las cosas por nosotros… Esa es la esencia del concepto de motor.
Desde que el homo es sapiens y no otra cosa… (ahorrándome chistes fáciles) busca incesantemente saciar su necesidad más básica, que es la de saciar todas sus otras necesidades básicas y no básicas sin necesidad de hacer los esfuerzos necesarios para tal fin.
Motorpsico
Ahora pensaba... que irónico, que la búsqueda del motor... es a veces esquiva, caprichosa. dios es el primer motor universal, el primer y más grande invento, la ilusión más primitiva...
La creencia que explica lo que no entendemos, pero fundamentalmente es el padre que no nos parió, al que le pedimos cada vez más sofisticadamente con el correr del tiempo, satisfacción, saciar un hambre innato.
Berreamos pidiendo la teta, pero la mayoría creemos que el Supremo es Hombre... No comments…
Buscamos, seguimos inventando motores, fisicos y psíquicos. En esa búsqueda ridícula, de perro que se caza la cola, de castigo avernario cuya hijaputez sólo se compara con su sentido de la ironía.
Nuestro más grande motor, nos pertenece, por derecho genético y evolutivo. El motor sin el cual no habría otros motores, está abovedado, en la punta de nuestras narices, pero no en esa punta... en la punta de adentro.
No le busques la llave, ni patees a ver si arranca.
Es el motor perfecto, sutil, silencioso. La máquina de movimiento más impecable que hay, una que jamás necesita arrancarse, porque jamás se detiene:
Un cerebro humano. Un curioso artefacto, un sistema poderosísimo que parece en realidad un bollo de pasta pasada y mal cocida, que en su mucosidad sanguinolienta, desagradable a toda nuestra sensorialidad, tiene la sofisticación y el poder de crear al mundo, al más importante de los mundos, al nuestro, en el sentido más cartesiano de la existencia.
Es muy difícil, reconozco, poder entender a este balón encefálico como esa fuerza que me adeudo en muchas oportunidades, es sádico el darse cuenta que vamos por la vida planeando muchas veces... y no en el sentido de hacer un plan, en el sentido de vagar, deslizarse del punto A al B dependiendo solamente de cómo corra el viento.
“Y sin embargo la fuerza esta ahí, contigo, Luke Skywalker…”
Esta hermosa máquina, no tan hermosamente tapizada en mi caso, es la responsable de todo. De mi y del mundo, que se arma en la proyección de una sinapsis tras otra.
Es la misma potencia que hay en cada persona, y es su justificación más grande.
De hecho, si por algo me repugna toda muerte humana, es por la preservación de este enorme capital de proceso, que mas allá de mi léxico, tontamente muchos comparan con una computadora.
Odio eso, "Imagínate a tu cerebro como a una supercomputadora"... NOooooo! no, es más bien lo contrario.
Una computadora puede dividir por 2 cifras, algo que de sólo pensar me angustia más que comer brotes de soja (cosa que a veces hago, porque nada más sano que frotarse bien la contentez estupidizante con una áspera nostalgia)
Pero mi cerebro es capaz de entender una metáfora, de transformar, de copiar y pegar de un contexto a otro… Pídanle a la computadora que le gane a Kasparov al ajedrez y le gana… Ahora no le pidas que entienda un acto de una obra de Sofovich… (suponiendo que en algún futuro la tecnología humana desarrolle una placa de video capaz de soportar tanta teta en un mismo plano)
El cerebro más bien es como una caja llena de moscas que no se mueren nunca.
Las ideas zumban, de un lado al otro. Ese zumbido, ese ruido de hecho se puede escuchar.
Muchos científicos neurofisiólogos han desarrollado máquinas capaces de escuchar y grabar ese ruido, al que describieron también como un zumbido…
Ahora el tema pasaba por interpretar ese “ruido” para que dejara de ser tal y comenzara a ser un sonido individualizado y asignarle una correcta interpretación.
El primer paso para esto, se logró a través de lo que se conoce en ese ambiente (el de la neurofisiología… si, por cierto un mundillo muy reducido lleno de vanidades y pequeñeces espirituales, como todos bah…) como la “respuesta p300”.
P300 es la resultante electrónica de nuestro cerebro cuando decimos: “ahá!”…
En otras palabras… cuando se nos presenta una serie de iguales que es interrumpida por un distinto, nuestro cerebro reacciona en un pico de energía sináptica.
Hay miles de formas de obtener respuestas p300 de nuestro cerebro, son las más comunes, rápidas y veloces.
A partir de ahí y hasta el día de hoy se sigue tirando de la piola, intentando descifrar el zumbar de las moscas presas, en este camino han pasado cosas interesantes, como el experimento Delgado.
Un cientifico español que introdujo electrodos en el cerebro de un toro, con el objetivo de modificar la conducta de este, (el toro)… Ahora a este sr. le pareció una pegada fantástica salir a demostrar su dispositivo, como se demuestran los pingos… En la cancha (aunque este no era un equino, era bovino, y la cancha era la plaza… de toros justamente).
Mientras Delgado mostraba el pabellón rojo, provocando al toro que algo habrá hecho… Un asistente suyo, tenía en mano, un control remoto con el que enviaba señales sin escalas al cerebro de la bestia.
Así, cuando el toro estaba a punto de meterle los cuernos al “bueno” de Delgado (y no porque tuviera affaire alguno con la mujer de éste)… el asistente accionando el botón hacía que el animal detuviera su embestida.
Claro está que en realidad no estaban cambiando la conducta del toro, más bien le producían un dolor tan pero tan tan grande que el animal no podía pensar en otra cosa que no fuera sacarse ese puto aparato del bocho.
Pero bastó para completar lo que entonces fue toda una sensación en la comunidad científica (comunidad que como todas las de la humanidad, no está exenta de padecer un peligroso aburrimiento)
Así fue que llegue a la conclusión de que no se si vale la pena andar buscando tanto motores, cuando no hay mejor motor que el que tiene uno de fábrica.
Quizás un viejo cliché sintetiza mejor todo esto, la típica frase del villano que, disconforme con la mano de obra de sus secuaces, toma al toro (pobre no lo dejan en paz!!!) por las astas y espeta:
“Si quieres que una cosa se haga bien, debes hacerla tu mismo”.
Y mucha razón tiene.
Quizás en el futuro alguien invente un cerebro para remplazar al cerebro, y todo con tal de no pensar… No se si será mejor o peor… en todo caso veremos.
Si hay algo que está demostrado es que el futuro no es a prueba de boludos.
Quiero agradecer dos aportes para ilustrar esta nota, el primero, de John un Odontólogo de 49 años oriundo de Londres, quién nos envió este .jpeg con sus impresiones respecto de esta entrada en el blog:
Creo que todo el concepto de “motor” es algo que cualquiera encuentra difícil de abrazar enteramente.
Casi todos los que estamos vivos ahora (y no se bien porque digo “casi” todos y no todos) nacimos en un mundo lleno de motores.
Básicamente un motor es algo que imprime movimiento, que da fuerza, que entrega energía a un X que por sí mismo no la tiene, o no le alcanza para realizar la tarea que se propone… Consulté la madre patria, en uno de los pocos casos donde considero que consultarle a una madre es útil. Según la RAE, hay un montón de definiciones y usos de esa palabra, algunas muy lindas… Como en Puerto Rico, donde motor y moto son lo mismo.
Me parece hermoso que en Puerto Rico, motor y moto sean algo así como un caprichoso sinónimo. Que propulsión y movimiento, medio de transporte y medio energético se fusionen, es un uso del lenguaje extraordinario, sobre todo teniendo en cuenta que el único aporte de esta pequeña nación al mundo es Ricky Martin (Un aporte tan despreciable y poco útil como un aporte jubilatorio en este país. Pero reconozcamos que a este muchacho lo conocen de acá a Tegucigalpa… Ok no es muy lejos del marco de referencia… A ver… en realidá como de acá a Bengala… ahí si es lejos)
Arranquemos de nuevo
Quizás sea todo el problema hoy, y seguro será otro día.
Pensar que hasta hace poco (digamos que 200 años en la historia del hombre, son lo que dura una vereda limpia en el Once) la gente poco sabía de motores.
A ver, para decir la posta, la idea de no tener que mover el culo por nosotros mismos viene desde hace mucho, pero mucho.
Los sumerios, los babilonios, los griegos, los egipcios, etc. habían desarrollado sistemas hidráulicos para poder solventar algunas tareas que de otra forma hubieran tendido que sudar la gota gorda para realizar.
Te digo más, en la época en la que Egipto estaba de moda Grecia (de moda moda, en realidad no, pasó Alejandro Magno, y a pura falange les explicó a los muchachos quién cortaba el bacalao en el Mediterráneo. Eso si que era poder, más teniendo en cuenta lo jodido que sería encontrar un bacalao en las aguas calentitas de la pelopincho de Europa, o pongámosle para ser más finos, el Mesogeios Thalassa, “Mar en el Medio de la Tierra” así no nos salimos del griego. Aunque es loco, porque en griego el nombre es más o menos lo mismo que en latín, Mar Maedi Terraneum… “Mar en el Medio de la Tierra”, y lo mismo que en árabe, Al-Bahr al-Mutawāsit, “Mar intermedio”… Lo cual demuestra una vez más que la condición más inefable del hombre es: SU FALTA DE IMAGINACIÓN)
Creo que ahí empezamos a entender nuestra enorme necesidad de que alguien o algo haga las cosas por nosotros… Esa es la esencia del concepto de motor.
Desde que el homo es sapiens y no otra cosa… (ahorrándome chistes fáciles) busca incesantemente saciar su necesidad más básica, que es la de saciar todas sus otras necesidades básicas y no básicas sin necesidad de hacer los esfuerzos necesarios para tal fin.
Motorpsico
Ahora pensaba... que irónico, que la búsqueda del motor... es a veces esquiva, caprichosa. dios es el primer motor universal, el primer y más grande invento, la ilusión más primitiva...
La creencia que explica lo que no entendemos, pero fundamentalmente es el padre que no nos parió, al que le pedimos cada vez más sofisticadamente con el correr del tiempo, satisfacción, saciar un hambre innato.
Berreamos pidiendo la teta, pero la mayoría creemos que el Supremo es Hombre... No comments…
Buscamos, seguimos inventando motores, fisicos y psíquicos. En esa búsqueda ridícula, de perro que se caza la cola, de castigo avernario cuya hijaputez sólo se compara con su sentido de la ironía.
Nuestro más grande motor, nos pertenece, por derecho genético y evolutivo. El motor sin el cual no habría otros motores, está abovedado, en la punta de nuestras narices, pero no en esa punta... en la punta de adentro.
No le busques la llave, ni patees a ver si arranca.
Es el motor perfecto, sutil, silencioso. La máquina de movimiento más impecable que hay, una que jamás necesita arrancarse, porque jamás se detiene:
Un cerebro humano. Un curioso artefacto, un sistema poderosísimo que parece en realidad un bollo de pasta pasada y mal cocida, que en su mucosidad sanguinolienta, desagradable a toda nuestra sensorialidad, tiene la sofisticación y el poder de crear al mundo, al más importante de los mundos, al nuestro, en el sentido más cartesiano de la existencia.
Es muy difícil, reconozco, poder entender a este balón encefálico como esa fuerza que me adeudo en muchas oportunidades, es sádico el darse cuenta que vamos por la vida planeando muchas veces... y no en el sentido de hacer un plan, en el sentido de vagar, deslizarse del punto A al B dependiendo solamente de cómo corra el viento.
“Y sin embargo la fuerza esta ahí, contigo, Luke Skywalker…”
Esta hermosa máquina, no tan hermosamente tapizada en mi caso, es la responsable de todo. De mi y del mundo, que se arma en la proyección de una sinapsis tras otra.
Es la misma potencia que hay en cada persona, y es su justificación más grande.
De hecho, si por algo me repugna toda muerte humana, es por la preservación de este enorme capital de proceso, que mas allá de mi léxico, tontamente muchos comparan con una computadora.
Odio eso, "Imagínate a tu cerebro como a una supercomputadora"... NOooooo! no, es más bien lo contrario.
Una computadora puede dividir por 2 cifras, algo que de sólo pensar me angustia más que comer brotes de soja (cosa que a veces hago, porque nada más sano que frotarse bien la contentez estupidizante con una áspera nostalgia)
Pero mi cerebro es capaz de entender una metáfora, de transformar, de copiar y pegar de un contexto a otro… Pídanle a la computadora que le gane a Kasparov al ajedrez y le gana… Ahora no le pidas que entienda un acto de una obra de Sofovich… (suponiendo que en algún futuro la tecnología humana desarrolle una placa de video capaz de soportar tanta teta en un mismo plano)
El cerebro más bien es como una caja llena de moscas que no se mueren nunca.
Las ideas zumban, de un lado al otro. Ese zumbido, ese ruido de hecho se puede escuchar.
Muchos científicos neurofisiólogos han desarrollado máquinas capaces de escuchar y grabar ese ruido, al que describieron también como un zumbido…
Ahora el tema pasaba por interpretar ese “ruido” para que dejara de ser tal y comenzara a ser un sonido individualizado y asignarle una correcta interpretación.
El primer paso para esto, se logró a través de lo que se conoce en ese ambiente (el de la neurofisiología… si, por cierto un mundillo muy reducido lleno de vanidades y pequeñeces espirituales, como todos bah…) como la “respuesta p300”.
P300 es la resultante electrónica de nuestro cerebro cuando decimos: “ahá!”…
En otras palabras… cuando se nos presenta una serie de iguales que es interrumpida por un distinto, nuestro cerebro reacciona en un pico de energía sináptica.
Hay miles de formas de obtener respuestas p300 de nuestro cerebro, son las más comunes, rápidas y veloces.
A partir de ahí y hasta el día de hoy se sigue tirando de la piola, intentando descifrar el zumbar de las moscas presas, en este camino han pasado cosas interesantes, como el experimento Delgado.
Un cientifico español que introdujo electrodos en el cerebro de un toro, con el objetivo de modificar la conducta de este, (el toro)… Ahora a este sr. le pareció una pegada fantástica salir a demostrar su dispositivo, como se demuestran los pingos… En la cancha (aunque este no era un equino, era bovino, y la cancha era la plaza… de toros justamente).
Mientras Delgado mostraba el pabellón rojo, provocando al toro que algo habrá hecho… Un asistente suyo, tenía en mano, un control remoto con el que enviaba señales sin escalas al cerebro de la bestia.
Así, cuando el toro estaba a punto de meterle los cuernos al “bueno” de Delgado (y no porque tuviera affaire alguno con la mujer de éste)… el asistente accionando el botón hacía que el animal detuviera su embestida.
Claro está que en realidad no estaban cambiando la conducta del toro, más bien le producían un dolor tan pero tan tan grande que el animal no podía pensar en otra cosa que no fuera sacarse ese puto aparato del bocho.
Pero bastó para completar lo que entonces fue toda una sensación en la comunidad científica (comunidad que como todas las de la humanidad, no está exenta de padecer un peligroso aburrimiento)
Así fue que llegue a la conclusión de que no se si vale la pena andar buscando tanto motores, cuando no hay mejor motor que el que tiene uno de fábrica.
Quizás un viejo cliché sintetiza mejor todo esto, la típica frase del villano que, disconforme con la mano de obra de sus secuaces, toma al toro (pobre no lo dejan en paz!!!) por las astas y espeta:
“Si quieres que una cosa se haga bien, debes hacerla tu mismo”.
Y mucha razón tiene.
Quizás en el futuro alguien invente un cerebro para remplazar al cerebro, y todo con tal de no pensar… No se si será mejor o peor… en todo caso veremos.
Si hay algo que está demostrado es que el futuro no es a prueba de boludos.
Quiero agradecer dos aportes para ilustrar esta nota, el primero, de John un Odontólogo de 49 años oriundo de Londres, quién nos envió este .jpeg con sus impresiones respecto de esta entrada en el blog:

Y de Anselmo Zacarias de 3 añitos, quién está empezando el jardín este año y desde Durazno, Uruguay, también me mandó su dibujo:

Hay que ver lo que somos capaces de pensar para no pensar. Por cierto, esto tiene pinta de haber sido escrito por una super computadora. Y nada y eso.
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