viernes, 13 de febrero de 2009

Capri - Capri

Ultracomb Ultracomb

Estoy profundamente conmovido por un hermoso hallazgo:

http://juegosxgratis.com/sitio/juegos/arcade/hoover-fusion-frenzy.swf

Es un juego que consiste en pasar la aspiradora... Ooook… Entendamos, este juego es un chiche de marketing de Hoover, el primer ente terrestre que empezó a vender aspiradoras a lo pavote.

Un genio verdaderamente. Aunque Don Júver, no fue quién la inventó, simplemente le compró la patente a un alma iluminada que no le dio mucha importancia a su propio invento, digo esto porque se perdió la oportunidad de tener bajo el colchón una de las patentes más jugosas de la historia del aburrimiento humano.


El futuro está limpio, el presente es como el baño de la estación Independencia.

A ver… La mano viene así. Hasta finales del siglo 19… (o sea el 1800 y pico… la matemática no para de joder vieron?)… La gente sólo limpiaba con escobas y trapos, lo cual siempre dejaba una cuota de mugre. Más teniendo en cuenta que como no era joda la limpieza, sólo se hacía una enorme limpieza en primavera.

Los primeros intentos para mejorar nuestro desempeño en este incesante karma (valga la redundancia), fueron dispositivos que funcionaban a aire comprimido… Y básicamente lo que hacían era soplar la mugre hacia fuera, para que volviera a su origen, a la tierra misma. ¡Eso es ingenio con justicia poética!

La vueltita de tuerca a este tema se la pegó un fulano… Herbert Cecil Bothe, un ingeniero ingles (vieron? La culpa de todo la tiene Inglaterra…) Heberto Cecilio inventó una monstruosa maquina, que aspiraba el polvo. Arruinando toda la poesía, toda la justificación filosófica de las máquinas sopladoras.

Esta máquina aspiradora era tan descomunal que se estacionaba en la puerta de sus clientes, que cansados de la mugre, y cansados de tener guita (porque no era barato contar con esta monstruosidad comemugre) decidían finalmente prestarse al suplicio limpiador de Bothe.
Esta máquina hacía tanto, pero tanto escándalo, que los caballos que pasaban por las calles de Londres donde estaban aspirando, con frecuencia se asustaban, corcoveando y provocando accidentes de tránsito. Por los cuales la compañía de Bothe fue en más de una ocasión demandada.

No le iba mal a Herbert. Pero verdaderamente la pegó el día que el rey Eduardo 7mo (de acá en más Edu) que era un poco enfermito de la limpieza, se enteró de este dispositivo chupador, y como buen monarca inlgés, todo lo que sea chupador y ruidoso le pareció genial.

Lo llaman a Herbert:

“Hola si… Habla Edu el Séptimo… ¿Te vendrías a chupar un poco de mugre?... El jueves… Dale… Joya, quedamo asi…”

Aspiró solamente las alfombras y cortinas de Westminster. De las cuales sacó toneladas (posta, toneladas) de tierra.

Y se salvó… La corona inglesa le compró 2 de sus monstruosas máquinas.

A pura chupada, la máquina aspiradora fue ganando popularidad (esto lo escuché antes). Popularidad que cruzó el atlántico. Y en la dirección correcta, porque desembarcó en USA.

Poco después… en 1907 un yanki… James Murray Spangler, inventó una aspiradora eléctrica… Más o menos portátil. Es decir que no la tenías que estacionar afuera, y que a lo sumo el único caballo espantado sería un marido desprevenido… Que no sabe en que boludeces gasta la plata su señora… Doblemente desprevenido.

James fue EL BOLUDO, que le vendió la patente a Hoover, por dos chirolas.

Grandes Aspiraciones

Hoover, empezó a vender aspiradoras como panchos a la salida de Sobremonte (para los que nunca salieron con una lima terrible de ese boliche marplatense… Lo que quise decir, es que vendió bocha de aspiradoras)

Contaba con vendedores puerta a puerta y una estruendosa campaña publicitaria que básicamente fomentaba el miedo a todo tipo de gérmenes que proliferaban maliciosamente en las alfombras de las grandes urbes. Bacterias que como ejércitos nazis se multiplicaban, poderosa y groseramente, para finalmente dominar al mundo y aplastar el reinado de los mamíferos bípedos vertebrados y de cerebro abultado… O sea a todos nosotros (salvo algunas excepciones que no voy a hacer ahora, pero que técnicamente son considerados humanos también)

Realmente no se puede afirmar que las bacterias fueran capaces de tal conspiración como la que describí más arriba. Todas las pruebas al respecto fueron debidamente aspiradas.

La generación U

Quise dedicar esta reseña histórica con guarnición de estupideces, a la señora aspiradora.
A este invento maravilloso, que hace nuestra vida más limpia y alejada de todo polvo.
La aspiradora a llenado páginas y páginas en nuestras vidas, de una u otra forma, tengan o no tengan una. Nunca falta el ruido de la aspiradora que nos despierta, nunca falta la aspiradora vieja pero que funca como ninguna, nunca falta las noticias que nos llegan desde Moscú, donde un cosaco quiere tener sexo con una.
Nunca falta una aspiradora en nuestra vida. Freddie Mercury cantaba “I want to break free” esgrimiendo una aspiradora como si fuera la espada de Lancelot… Y creo que con esto la cagué.

Chicos, chicas… ¡Despabilemos! Todos somos una aspiradora… Vamos por ahí tragando mugre ajena todo el tiempo, filtrándola y sacudiéndola en el tacho.
Aunque un poco de esa mugre, siempre volverá al aire, para ser tragada por otra aspiradora, y así sucesivamente, hasta el fin de los tiempos. Polvo eres y polvo aspirarás. Y recién ahí, volverás al polvo. Para ser aspirado una y otra vez.

Somos la generación Ultracomb. Con muchas aspiraciones, aunque nuestra única función comprobable en esta sociedad, sea la de tragar basura.

Chupen, chupen que es trabajo.




(New Hoover Convertibles, de Jeff Koons, en el museo Tate de Londres... BLAME BRITAIN!!!)

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